
Cáceres vivió una jornada para la historia con motivo del 40.º aniversario de la primera salida procesional tras la refundación de la Hermandad del Santo Crucifijo de Santa María de Jesús. La conmemoración tuvo lugar en la víspera de la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz y reunió en torno al Cristo Negro a cientos de fieles, cofrades y visitantes.
La Concatedral de Santa María acogió la celebración eucarística, presidida por el obispo de la diócesis de Coria-Cáceres, monseñor Jesús Pulido. El templo registró un lleno absoluto y contó con una amplia representación institucional, civil, judicial y militar.
Entre los asistentes se encontraban el alcalde de Cáceres y miembros de la corporación municipal, la presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura, el subdelegado del Gobierno, el presidente de la Audiencia Provincial, el teniente coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Cáceres, el presidente de la Unión de Cofradías, la directora del Museo de Cáceres y los mayordomos de las distintas hermandades de la ciudad, junto al alcalde mayordomo y la junta de gobierno de la cofradía del Cristo Negro.
Durante su homilía, el obispo felicitó a la hermandad por las cuatro décadas transcurridas desde su reestructuración y recordó que la devoción al Cristo Negro enlaza a Cáceres con una tradición de casi siete siglos, cuyo origen se remonta a mediados del siglo XIV.
Monseñor Jesús Pulido realizó además una lectura iconográfica de la sagrada imagen, destacando que representa el instante posterior a la lanzada en el costado, cuando Cristo acaba de expirar. Su rostro sereno, la cabeza suavemente inclinada, los ojos cerrados y la boca entreabierta no transmiten angustia ni acusación, sino sosiego, entrega y plena confianza en Dios.
El prelado puso también en valor el marcado carácter penitencial de la hermandad, reflejado en elementos tan reconocibles como el hábito benedictino, el cinturón franciscano, los velones, el incienso, el juramento de silencio o el característico sonido de sus timbales y tambores.
Durante la liturgia eucarística se presentaron sobre el altar distintos elementos cargados de simbolismo: una rosa roja, como representación de la Pasión y de la sangre derramada; un hachón, evocando el caminar penitencial de la hermandad en la medianoche del Miércoles Santo; y el incienso, el pan y el vino, como expresión de la oración colectiva elevada a lo largo de estas cuatro décadas de historia reciente.
Tras la misa, la junta de gobierno concedió el título de Hermana de Honor a la Comandancia de la Guardia Civil de Cáceres, como reconocimiento a su vocación de servicio y a los vínculos históricos mantenidos con la cofradía.
Asimismo, se entregaron réplicas del Pendón del Cristo Negro a tres hermandades de la ciudad: la Cofradía del Santísimo Cristo de las Batallas y María Santísima de los Dolores, la Cofradía del Santísimo Cristo del Humilladero y la Cofradía de los Ramos.
Antes del inicio de la procesión, el obispo bendijo una nueva corona de espinas realizada expresamente para esta efeméride. Con su incorporación, la hermandad recuperaba una estampa tradicional documentada en antiguas fotografías y desaparecida desde hacía casi un siglo.
También volvió a formar parte del cortejo la centenaria esquila de Santa María, una pieza histórica que llevaba décadas sin acompañar al Crucificado por las calles de Cáceres.
Pasadas las 22:30 horas, el Santo Crucifijo cruzó el pórtico de la Concatedral ante una plaza de Santa María completamente abarrotada. La imagen procesionó directamente sobre los hombros de los hermanos portadores, recuperando la estética de la procesión claustral que la hermandad celebra cada 14 de septiembre.
El ambiente, pese a las elevadas temperaturas, recordaba por su solemnidad y por la cantidad de público congregado a cualquier noche de Miércoles Santo. El silencio, la iluminación del cortejo y el marco monumental devolvieron por unas horas al casco histórico cacereño una de sus estampas más reconocibles.
El recorrido dejó momentos de enorme plasticidad y recogimiento, especialmente al paso por el Arco de la Estrella y los Adarves, donde el cortejo, iluminado por antorchas, avanzó entre los muros de piedra de la ciudad antigua al compás del toque de la esquila.
Uno de los momentos más emotivos se vivió en el Convento de las Jerónimas, punto en el que la procesión se separó del itinerario habitual. Ante la comunidad religiosa se rezó el Padrenuestro, se impartió la bendición y Víctor Barrantes interpretó una saeta que rompió el silencio de la noche.
La retransmisión en directo realizada por TuSemanaSanta.com permitió además que miles de espectadores siguieran íntegramente esta histórica estación penitencial por la zona monumental de Cáceres.
Numerosos cacereños, turistas y cofrades de otras hermandades —muchos de ellos habitualmente condicionados por sus propios compromisos del Miércoles Santo— tuvieron así la oportunidad de contemplar por primera vez la legendaria procesión del Cristo Negro o de reencontrarse con ella después de muchos años.
Una celebración excepcional que dejó imágenes difíciles de repetir y que tuvo como único contrapunto el intenso calor de este tramo final del verano, especialmente cargado de actos y celebraciones cofrades en la ciudad.
