Francisco Pizarro deslumbra en el Pregón de la Semana Santa de Cáceres 2026

El Gran Teatro de Cáceres se vistió de gala el último día del invierno para acoger el acto central que da el pistoletazo de salida a la Semana de Pasión: el Pregón Oficial de la Semana Santa 2026. En una velada marcada por los reconocimientos, los aniversarios y, sobre todo, por la profunda emotividad del discurso de Francisco (Paco) Pizarro Escribano, la ciudad demostró estar lista para vivir sus días más intensos.

Una previa de expectación y novedades Antes de que se abriera el telón, el ambiente en el patio de butacas y en los micrófonos de tusemanasanta.com ya presagiaba una noche inolvidable. La Unión de Cofradías, a través de Pablo Floriano, destacó el inmenso despliegue comunicativo de este pasado año, con 50 profesionales acreditados y la presencia de televisiones nacionales como 13tv en 2026, evidenciando el peso de una fiesta que es de Interés Turístico Internacional. Entre los corrillos cofrades, la mirada estaba puesta en el cielo esperando que no lloviera, mientras que representantes como María Jesús Luna anunciaban novedades musicales, como el acompañamiento de la Agrupación de Cristo Rey de Badajoz a los pasos de la Expiración.

Jorge Suárez (pregonero en 2023, Concejal de Cultura y músico) aseguró estar más nervioso que el día que le tocó dar a él el pregón. Auguró que el discurso de Pizarro sorprendería por estar repleto de anécdotas y de un gran rigor histórico sobre las hermandades. Describió la sensación «única y mágica» de dirigir la banda de música (que durante años llevó su padre), explicando que al tocar uno se abstrae, cierra los ojos y se deja llevar por los recuerdos bajo los pasos. Confirmó que, pese a su cargo institucional, no dejará de tocar con la banda de la Diputación en procesiones como Batallas, la Vera Cruz y la madrugada.

La Consejera de Cultura y Turismo (Junta de Extremadura) Victoria Bazaga: Sobre Paco Pizarro, Al conocer personalmente al pregonero, anticipó que ofrecería un discurso «muy emocionante, emotivo y sentido», fruto de la profunda espiritualidad con la que vive su fe. Subrayó su intención para la Semana Santa de intentar abarcar el máximo de celebraciones regionales, viajando entre Cáceres, Mérida, Badajoz y Zafra. Manifestó el respaldo del gobierno regional a la Semana Santa cacereña (y a la del resto de la región) por su inmenso valor patrimonial, su fe y su devoción, destacando que en Extremadura existen recursos para tener celebraciones «únicas en el mundo».

Aniversarios y Cofrades de Honor El acto institucional, moderado por el Secretario de la UCP Jorge Rodríguez Velasco, comenzó con la intervención de Santos Benítez, presidente de la Unión de Cofradías, quien recordó que este es un año de grandes efemérides: el 40 aniversario de la fundación de la Unión, el 15 aniversario de la declaración de Interés Turístico Internacional y los 40 años de Cáceres como Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Uno de los momentos más conmovedores fue la entrega de los títulos de Cofrade de Honor. Este máximo galardón recayó en la Asociación DYA (recogido por Vanessa Piñero y Alejandro Márquez), en el propio presentador del pregonero, Luis Manuel Rodríguez Parra, y, a título póstumo, en Juan Raúl Galán Monroy, cuyo recuerdo sobrecogió a los presentes.

El alcalde de Cáceres, Rafael Mateos, tomó la palabra para subrayar el esfuerzo municipal por engalanar la ciudad, anunciando que esta misma semana recibiremos a las 15 delegaciones del Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España. Además, confesó que, a nivel personal, este año cumplirá la promesa de llevar a sus hijos a ver de madrugada a Jesús Nazareno.

El perfil de un «hermano de carga»

La presentación del pregonero corrió a cargo de su amigo Luis Manuel Rodríguez Parra, quien describió a Paco Pizarro no solo como un brillante profesional, académico y hombre de honda espiritualidad jesuita, sino sobre todo como un «hermano de carga». Un cofrade forjado bajo los varales de la Vera Cruz, los Ramos y el Nazareno, que aprendió de su padre, Jacinto, «la sobria elegancia de obedecer primero y guiar después».

El Pregón: Tradición, familia y compromiso.

Francisco Pizarro tomó el atril para rasgar su alma. Su pregón comenzó de forma magistral con unos versos que resonaron en el teatro: «Oración crucificada entre cirios y Calvarios, Cáceres su pasión levanta y se la ofrece a los cielos en el altar de su alma».

El discurso de Pizarro rehuyó de la superficialidad estética para anclarse en la caridad y la memoria familiar. Recordó emocionado a su abuela, quien lo hizo hermano de la Vera Cruz al poco de nacer, y a sus padres, de quienes heredó la devoción que hoy transmite con su esposa Victoria a sus hijos.

Uno de los ejes centrales fue su homenaje a los jóvenes, a quienes definió como «apóstoles de la música y el incienso» y «renovadores de la tradición», destacando que hoy, por primera vez en la historia, son ellos quienes están atrayendo a sus padres hacia las hermandades.

También dedicó un espacio bellísimo a la figura de la mujer y las madres, comparando las lágrimas y el sufrimiento silencioso de las madres terrenales por sus hijos con el dolor de la Virgen María (en sus advocaciones de Misericordia, Esperanza o Dolores).

Pizarro fue tajante al definir la identidad de la celebración cacereña. Recordando a Antonio Floriano Cumbreño, primer pregonero hace casi 70 años, sentenció que la Semana Santa cacereña «no debe ser ni meseteña ni andaluza, sino sencillamente cacereña». Reivindicó la horquilla hueca, el varal, la madera y la piedra del adarbe como los auténticos símbolos de la ciudad.

Aun confesándose más de prosa que de verso, como nos transmitió en su reciente intervención en el podcast tardes cofrades de Cuaresma, el pregonero ofreció numerosos versos que desataron los aplausos de un público que hizo suya cada palabra del pregón. Los más destacados fueron los siguientes:

A la Virgen de la Esperanza

«Con verde manto de plata, con flores de vela rizada, sale a hombros la esperanza por gran vía hasta la plaza con su incienso y con su marcha. Míranos, madre del alma, con tu serena mirada. Eres tú y llena de gracia la luz que nos ilumina. Eres madre de esperanza. […] La que dijo sí a la llamada, la que esperó confiada, la que entregó lo que tanto amaba, ¿cómo no va a ser aclamada? Viva la Virgen de la Esperanza.»

La pura identidad cacereña (La Vera Cruz y la horquilla)

«Suena la horquilla hueca, la horquilla más cacereña, la que va guiando el paso. Como la cruz es de madera, frágil como esas manos que la sostienen con fuerza, alivia el esfuerzo humano cuando le fallan las piernas y el adarbe junto al olivo. […] Paso a paso la pasión por Cáceres será contada. De piedra y madera son nuestra historia y su memoria. Esa es nuestra tradición, ni castellana ni andaluza. Es de Cáceres la pasión por el varal y la horquilla, por la túnica de algodón y por la parte antigua.»

La soledad y la muerte (Cristo de las Indulgencias)

«Exhala, Señor, tu último aliento. Se ha cumplido la promesa. Ha fracasado el primer intento y tu palabra ha caído en piedra. […] Cristo de las indulgencias, profundamente muerto, fortalece mi fe que flaquea porque estás callado y quieto. Ahora me estoy dando cuenta, te traicioné en el huerto. […] Saca fuerzas de mi flaqueza. Con tu cruz vence a mi miedo.»

El júbilo final: La Resurrección

«Que la luz alivie el luto, que repiquen las campanas, que el gozo inunde las almas. Hoy Cristo ha resucitado y Cáceres viste de Pascua. Madre, hijo, glorioso encuentro. Vuelan palomas blancas como el Espíritu Santo. Hoy Cristo ha resucitado y Cáceres viste de Pascua…»

El tramo final de su intervención fue un profundo recorrido teológico y visual por los desfiles procesionales: desde la tentación de la vanidad en la «Burrina» del Domingo de Ramos, pasando por la necesidad de dar la cara en la vida pública como el Cristo de las Batallas, hasta la intimidad absoluta de la madrugada, donde invitó a contemplar «la sombra encorvada de Jesús proyectada por la luz de los cirios de tiniebla sobre la verticalidad de la Iglesia de Santiago». Concluyó proclamando con fuerza la alegría de la Resurrección: «Hoy Cristo ha resucitado y Cáceres viste de Pascua».

El acto estuvo amenizado por Antonio Luis Suárez al piano, quien interpretó magistralmente marchas como Jerusalén o la Esperanza de María entre otras.

El broche final del Obispo El acto fue clausurado por el obispo de la diócesis, Jesús Pulido Arriero, quien alabó el pregón por ser capaz de tocar «cuerpo, mente, alma y corazón». El prelado quiso destacar la intensa fe de los jóvenes cofrades, recordando cómo lloran y se abrazan cuando la lluvia les impide procesionar. Aprovechando la festividad del día, el obispo finalizó el evento impartiendo la bendición y rezando una oración a San José por la paz en el mundo.

Con la ciudad engalanada y el alma encogida por las palabras de su pregonero, Cáceres ya cuenta las horas para convertirse, un año más, en la Jerusalén de Extremadura.

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